Antes de ser DJ fui, y sigo siendo, artista escénica.
He trabajado desde la dramaturgia, el monólogo, la escritura, el cuerpo y la performance. He habitado distintos escenarios, lenguajes y formas de expresión. La música no sustituyó todo aquello: se convirtió en un nuevo territorio desde el que seguir creando.
Por eso, cuando pienso en todas las Paulinas que he sido, aparece inevitablemente una pregunta:
¿Dónde quedo yo?
¿Dónde queda la Paulina que escribía?
¿La que actuaba?
¿La que hacía performance?
¿La mujer que emigró?
¿La que tuvo que reconstruirse lejos de su tierra?
¿La que encontró en el techno una nueva forma de lenguaje?
¿La que ahora regresa a Chile después de diez años?
Durante mucho tiempo pensé que para evolucionar tenía que dejar versiones de mí atrás.
Hoy lo entiendo de otra manera.
Todas esas Paulinas siguen siendo yo.
No desaparecen cuando aparece una nueva.
No se contradicen.
No invalidan a la siguiente.
Se transforman.
Y quizá ahí está también una de las cosas que más me interesa de la performance: su capacidad de moverse, de mutar, de cambiar de forma, de responder a un contexto y después abandonarlo cuando ya no nos representa.
Una identidad artística no tiene por qué ser permanente para haber sido verdadera.
Paulina Casi Rubio fue verdadera.
Nació desde una búsqueda de identidad, desde mi experiencia como mujer chilena en Madrid y desde la necesidad de ocupar un lugar propio. Fue una performance, pero no por ello fue menos real. Fue la forma que encontré de habitarme durante una etapa determinada de mi vida.
Y esa etapa cumplió su función.
Después de diez años regresé a Chile.
Pero volver no significa regresar al mismo lugar.
Me fui poco después de perder a mi padre. Regreso encontrándome nuevamente frente al caos, la fragilidad de la vida, la memoria que comienza a cambiar y una familia que ya no es exactamente la que dejé.
Y en medio de todo eso volvió la misma pregunta:
¿Dónde quedo yo?
Pero esta vez la respuesta empieza a ser diferente.
Quedo en todas.
En la que fui.
En la que soy.
Y en todas las que todavía tengo derecho a llegar a ser.
Este cambio de nombre nace desde ahí.
No quiero borrar a Paulina Casi Rubio.
No quiero negar Madrid.
No quiero renunciar a ninguna de mis vidas anteriores para poder construir una nueva.
Madrid fue mi casa durante diez años. Allí crecí como mujer y como artista. Allí construí vínculos, escenas, personajes, textos, performances, músicas y una identidad que siempre formará parte de mí.
Pero una artista también tiene derecho a desplazarse.
A cambiar de lenguaje.
A cambiar de escenario.
A cambiar de nombre.
A abandonar una piel sin tener que destruirla.
Paulina permanece.
Y desde todas esas Paulinas nace ahora otra forma:
PAULINA TAKI YASHA.
La inspiración en Takiyasha aparece en un momento en el que necesitaba encontrar una imagen capaz de dialogar con mi propia transformación: la memoria de un mundo anterior, las ruinas de aquello que cambia, la rebeldía y la posibilidad de reconstruirse después del caos.
No quiero convertirme en Takiyasha.
Tampoco quiero utilizarla como una máscara.
Me interesa tomar su imaginario como un punto de partida desde el que construir mi propia interpretación, mi propia mitología y una nueva identidad escénica.
Porque para mí esto no es simplemente un cambio de nombre.
Es otra performance.
Otro desplazamiento.
Otra forma de habitarme.
Y también una manera de reivindicar algo que durante mucho tiempo parece habernos dado miedo:
cambiar no nos hace menos auténticas.
Evolucionar no significa traicionar quiénes fuimos.
Una artista puede transformarse constantemente y seguir siendo profundamente honesta.
No estoy empezando de cero.
Estoy empezando desde todas las Paulinas que he sido.
Desde el escenario.
Desde la dramaturgia.
Desde la palabra.
Desde el cuerpo.
Desde la performance.
Desde la música.
Desde Madrid.
Desde Chile.
Desde el caos.
Desde todo lo vivido.
Paulina Casi Rubio fue una de mis formas.
PAULINA TAKI YASHA es la que comienzo a habitar ahora.
Y probablemente tampoco será la última.
Porque la artista permanece.
La identidad se mueve.